Lecciones de la Superliga sobre océanos rojos

Tengo que empezar diciendo que no soy muy futbolero.

Ni tampoco miro telenoticias. De hecho están vetados en mi casa hace al menos 15 años.

Se vive mucho mejor.

Y, a pesar de todas estas barreras, no he conseguido evitar enterarme de la noticia de la semana.

La Superliga.

No solo es noticia en el mundo de los deportes. Todo el mundo tiene que hablar de ello: desde los políticos hasta los programas de humor.

Especialmente los programas de humor.

Aunque también tiene valiosas lecciones para cualquier innovador.

Es un ejemplo magnífico sobre la teoría de los océanos de W. Chan Kim y Renée Mauborgne de su libro «La estrategia del océano azul«.

En realidad es un gran ejemplo, que todo el mundo puede entender, de lo que ocurre cuando intentas entrar en un océano rojo.

Los océanos rojos son todas las industrias existentes en la actualidad: el espacio de mercado conocido, donde se definen los límites de la industria y las empresas tratan de superar a sus rivales para hacerse con una mayor cuota del mercado existente. La competencia despiadada convierte el océano en rojo sangre. De ahí el término de océanos «rojos».

Los océanos azules denotan todas las industrias que no existen en la actualidad: el espacio de mercado desconocido, inexplorado y no contaminado por la competencia. Al igual que el océano «azul», es vasto, profundo y poderoso, en términos de oportunidades y crecimiento rentable.

Detrás de la Superliga están 12 de los más grandes clubs de futbol Europeos.

Seguro que llevan muchas reuniones.

De hecho hay acuerdos y dinero, en teoría, comprometido para montar este proyecto.

Y, por supuesto, estos clubs gozan de gran capacidad de influencia, tanto en las ligas en las que están presentes como por el respaldo de sus aficionados y seguidores e incluso a nivel político.

De hecho son los grandes. Difícilmente nadie puede venir mejor respaldado en este entorno.

Sin embargo se enfrentan a los poderes establecidos.

La Liga, la UEFA, el público e incluso los gobiernos tienen algo que decir al respecto.

Aunque, hasta donde yo sé, todo este deporte profesional son empresas privadas. Con sus regulaciones, pero privadas.

Aunque se intente justificar así, no se trata de un nuevo terreno de juego o de caza. Este es un océano rojo.

La nueva iniciativa compite con los ya presentes. Compite por el tiempo y el dinero y la atención de los mismos aficionados.

Por el hecho de crear una nueva Superliga la mayoría de seguidores no van a considerarlo una nueva afición. Posiblemente los aficionados pueden prestar atención a uno o dos partidos de su equipo a la semana. Si, de pronto, hay un tercer partido que les interesa más muy probablemente tendrán que dejar uno de los otros para poder ver el nuevo. Porque la gente tiene tiempo limitado y tiene que repartirlo con la familia, con sus obligaciones, con otras aficiones.

Y lo mismo sucede con el dinero. No va a aparecer dinero de repente para ir a ver los partidos de la nueva Superliga. La mayoría de gente tendrá que decidir dónde invierte su dinero entre las opciones disponibles. Si hay más opciones pues habrá que descartar alguna de ellas.

Si hablamos de los anunciantes o de las cadenas de televisión que pagan por los derechos de retransmisión la situación es la misma. Si hay una nueva opción que, a priori, es más atractiva para su audiencia que otras entonces retirarán su inversión de alguna de las antiguas para poder atender a la nueva.

Un tema interesante, ¿verdad?

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